GARA publicó el 4 de octubre de 1999 las siguientes informaciones:
JCO permitió a sus operarios manipular uranio enriquecido en contenedores de acero
GARA | TOKIO
La Policía de Japón abrió ayer una investigación para determinar las causas del accidente nuclear del pasado jueves, el más grave de la historia del país, aunque la sociedad que gestionaba la planta de reprocesamiento de combustible nuclear de la localidad de Tokaimura ya ha admitido que durante cuatro años ha violado deliberadamente las normas oficiales sobre el manejo de material radiactivo.
«Hemos creado hoy un equipo especial de investigadores que se va a encargar de este asunto en tanto el empleado industrial sospechoso de negligencia se recupera de sus heridas», manifestó un portavoz de la Policía de Ibaraki, la prefectura donde se encuentra la planta nuclear.
«Sospechamos que el trabajador violó la ley de reglamento de las instalaciones nucleares del país», añadió, precisando que los policías habían comenzado el interrogatorio de los responsables de JCO Co., una filial del poderoso grupo industrial Sumitomo Metal Mining.
La compañía JCO ha reconocido haber permitido, en un manual de procedimientos que no fue autorizado por la Administración pública, la manipulación de uranio enriquecido en simples contenedores de acero.
Uno de los representantes de la compañía, Hideki Motoki, afirmó que «la sociedad ha funcionado durante cerca de cuatro años según normas que no se ajustaban a las obligaciones legales», tras cambiar el procedimiento de explotación sin la aprobación de las autoridades.
De esta forma, los empleados estaban autorizados a moverse en las cercanías del uranio en vías de fabricación en los contenedores de acero inoxidable. De cualquier forma, Motoki matizó que «no está probado que estas excepciones al procedimiento sean la causa del accidente».
Los expertos estiman que, aunque no sea causa del accidente, la utilización de contenedores de acero ya demuestra la existencia de negligencia en las medidas de seguridad.
La fuga de uranio, que tardó veinte horas en ser controlada, también ha puesto en evidencia la vigilancia ejercida por las autoridades sobre la industria nuclear. Desde el primer momento se habló de error humano, tras constatar que los técnicos vertieron 16 kilos de uranio en un recipiente cuando el máximo permitido es de 2,4 kilos.
Oficialmente 49 personas, entre ellas tres operarios de la fábrica que se encuentran en estado grave, resultaron afectadas por las radiaciones.
Uno de los trabajadores, Hisashi Ouchi, de 35 años, deberá ser sometido el miércoles a una transfusión de células sanguíneas para activar su producción de sangre, cuyo número de linfocitos ha caído hasta el nivel cero.
Una dosis de diecisiete sieverts
Según fuentes del hospital de Tokio al que fue trasladado, Ouchi recibió una radiación de 17 sieverts, nivel que es 17.000 veces superior al que una persona recibe de forma natural durante todo un año en condiciones normales. Se considera que una dosis de cuatro sieverts puede resultar mortal en pocas semanas.
Sus otros dos compañeros recibieron dosis de diez y tres sieverts respectivamente.
Expertos de la Agencia para la Ciencia y la Tecnología efectuaron ayer investigaciones en la sede de la sociedad JCO en Tokio y en la fábrica de Tokaimura, donde se incautaron de documentos, según informaron los responsables de la entidad.
El director general de la Agencia, Akito Arima, admitió implícitamente ayer que la seguridad nuclear del país es defectuosa. «Debemos considerar la posibilidad de que los operadores nucleares no respetan los procedimientos de seguridad», reflexionó. «Tenemos que revisar el funcionamiento de todas las instalaciones nucleares e introducir programas de formación rigurosos para todos los empleados», abundó.
El Gobierno japonés, que admitió haber subestimado la gravedad del accidente y haber tardado en reaccionar, podría estar en el banquillo de los acusados por haber autorizado la apertura de la fábrica, en 1993, sin exigir la implantación de un dispositivo que permita hacer frente a un eventual accidente «crítico».
El primer ministro, Keizo Obuchi, acusó ayer de negligencia a los propietarios del complejo nuclear de Tokaimura y dudó de que «los operarios hayan sido formados y que conozcan realmente los manuales de seguridad. Al parecer no había sistema de apoyo en caso de urgencia, lo que me resulta totalmente inimaginable», añadió el jefe de Gobierno.
El accidente, considerado como el más serio desde el desastre de Chernobyl (Ucrania), demuestra normas profesionales «dignas de alumnos de escuelas primarias», estimó Nobuo Oda, emérito profesor en Radiaciones Físicas del Instituto tecnológico de Tokio.
Se diría que JCO «estaba dirigido por amateurs», subrayó. «Esta empresa no dominaba conocimientos fundamentales en materia nuclear y de seguridad, y es incomprensible que tanto JCO como el Gobierno hayan dejado que se generara semejante situación», dijo.
Para el profesor de Ingeniería Nuclear en la Universidad Waseda de Tokio, Yoichi Fujimoto, el accidente de la planta de Tokaimura «pone en tela de juicio la confianza» en la industria nuclear japonesa, que cubre un tercio de las necesidades energéticas del archipiélago.
«En el futuro será mucho más difícil convencer al público de que la industria nuclear es segura, incluso si el país no puede sobrevivir sin tener necesidad de dicha energía», estimó.
GARA | AUCKLAND
El accidente nuclear de la pasada semana en Japón y la seguridad del transporte de los materiales nucleares dominarán la próxima reunión anual del Foro del Pacífico sur que comenzará hoy en la ciudad de Palau (Micronesia).
Los dieciséis estados miembros de esta instancia, que efectúa su XXX reunión anual, siempre se mantuvieron muy unidos en cuestiones relacionadas con la energía nuclear, sobre todo cuando se trató de criticar y condenar los ensayos nucleares franceses en Polinesia.
El pasado mes, dos barcos británicos que transportaban combustible nuclear reciclado MOX, producido en Gran Bretaña y el Estado francés y con destino a Japón, atravesaron zonas económicas exclusivas de varios países miembros del Foro.
El segundo de estos barcos, el Pacific Pintail, fue descargado sin incidentes el pasado viernes, un día después del accidente de Tokaimura en el puerto de la compañía regional de electricidad Kansai Electric Power, en el mar de Japón, 400 kilómetros al oeste de Tokyo. Cuatro días antes había descargado su carga el primero de los buques, el Pacific Teal.
El Pacific Pintail transportaba 225 kilos de MOX, un combustible que contiene óxido de uranio y de plutonio, que debe ser utilizado en dos reactores japoneses antes de finales del año. Por su parte, el Pacific Teal descargó el pasado lunes 210 kilos de MOX producidos por la empresa francesa COGEMA. Dicha operación fue seguida por un importante dispositivo de seguridad puesto en marcha por las autoridades japonesas.
El accidente ocurrido el pasado jueves en el complejo de Tokaimura en Japón, ha vuelto a provocar inquietud en los estados miembros del Foro del Pacífico respecto a lo nuclear y sus posibles consecuencias serán analizadas a partir de hoy en Palau.